¡Pero vosotros, los comunistas, nos grita la burguesía entera a coro,
lo que pretendéis, es colectivizar a las mujeres!
Como el burgués no ve en la mujer más que un simple instrumento
de producción189, al oírnos proclamar que los instrumentos de
producción deben ser explotados colectivamente, no puede por menos
que pensar, que este régimen colectivo de propiedad se hará extensivo
también a las mujeres.
No advierte que de lo que se trata, es precisamente de acabar con la
situación de la mujer, como mero instrumento de producción.
Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de grandísima
indignación de nuestros burgueses, henchidos de la más alta moral, al
hablar de la colectivización de las mujeres por el comunismo. Los
comunistas, no tienen por que molestarse en implantar la comunidad de mujeres, pues esta ha existido casi siempre en la sociedad.
Por lo visto, a nuestros burgueses no les basta con tener a su
disposición a las mujeres y a los hijos de los proletarios192 ¡y no
hablemos de la prostitución oficial193!, sino que sienten una grandísima
complacencia seduciendo a las mujeres de los demás burgueses.
En realidad, ya el matrimonio burgués es verdaderamente una
comunidad de las esposas194. A lo sumo, podría reprocharse a los
comunistas, el pretender sustituir la situación actual de la mujer, hipócrita y aparentemente recatada, por una colectivización oficial,
franca y abierta. Por lo demás, es fácil comprender, que al abolirse el
actual sistema de producción, desaparecerá con él la comunidad de las
mujeres que engendra195, por ejemplo, con la prostitución oficial y la
encubierta.